Río Purús: Carta-Reflexión

Acercamos la reflexión que Mons. Francisco González OP publica en el boletín Selvas Amazónicas a propósito de la situación de la región de Purús, en Perú,y de las amenazas vertidas sobre el párroco Miguel Piovesán

Resulta triste tener que reconocer, de nuevo, que la situación de la vida y las gentes de Purús apenas si ha variado en nada, respecto a su secular postración ante los diversos agentes que, desde la época del caucho, después y ahora, se siguen sucediendo contra la vida, la dignidad, la libertad y los derechos de los diferentes pueblos indígenas que lo pueblan. La mayoría de quienes han accedido a Purús desde fuera, no han ido, precisamente, a dar, a compartir, a enseñar, a aprender o a liberar. Han ido a usurpar, esclavizar, someter, explotar e imponer.

Si los caucheros llenaban su codicia arrancando el látex a la shiringa, los patronos buscaron la riqueza en la explotación de la tierra, de la madera, de las pieles de los animales. Hoy, los ecólogos de las multinacionales «ambientalistas», simplemente se adueñan de las tierras, las hacen los «Jardines privados del Primer Mundo», aunque las nombren como Parques Nacionales, Reservas, Zonas Intangibles. Al final, y me estoy refiriendo sólo y llanamente a Purús, ellos se han convertido de nuevo en los amos, ellos definen qué debe y qué no debe hacerse en «Su Jardín”.

Me asusta releer lo escrito hasta ahora, sobre todo pensando en otros amigos ecologistas, en los antropólogos amigos y hermanos, en los sociólogos honrados y comprometidos. Por eso quiero aclarar que todo lo que digo lo aplico a la injustamente maltratada Provincia del Purús, allá donde el tiempo parece haberse detenido, donde sólo pueden vivir los malandrines y vividores, y donde se da la única experimentación de un parque jurásico en el que al hombre se le condena a vivir aislado, empobrecido, privado de sus derechos a una educación verdadera, un trabajo digno y remunerado, una salud al alcance, un desarrollo que le permita desde su propia cultura e idiosincrasia, estar como ciudadano del Perú y del mundo en este siglo XXI.

En todo este contexto es donde se sitúan los tristes acontecimientos que, nuevamente, se están sucediendo en el Purús. Los asesores están provocando, como en otras ocasiones, las agresiones y amenazas contra el Párroco P. Miguel Piovesán. No hay duda para nadie, y menos para ellos, que nuestra Iglesia en Purús es de las pocas instituciones que sin reparos y a todas luces, viene anunciando y reclamando la justicia y denunciando los abusos y la corrupción. Como ya denunciara en repetidas ocasiones mi antecesor Mons. Larrañeta, al igual que recientemente mi Vicario Episcopal de la zona, P. Ignacio Iráizoz.

En diversas oportunidades, este Vicariato, ha recibido varias visitas de delegaciones purusinas, solicitando apoyo para una conexión física del Purús con el Perú. ¿Qué delito puede imputarse a que una entera Provincia pueda y deba estar comunicada con el país al que pertenece? ¿Es justo que para ir a la población habitada más próxima, Sepahua, tengan que caminar 22 días a través de la selva, o 30 días para salir a la carretera de Iñapari-Maldonado? ¿De qué van a vivir los pobladores en el Purús, si no pueden usar su madera, cazar sus animales, pescar sus peces, vender sus cosechas? ¿Qué actividad han de desarrollar para conseguir soles que les permita comprar sus ropas, alimentarse con algo más que yuca y plátano, comprar los útiles escolares de sus hijos, la gasolina para el peque-peque, pagar su DNI, los estudios superiores de sus hijos, los lentes, el calzado, el aparato de radio, las medicinas, etc.? ¿De dónde inventar los soles para montar en el avión, para pagarse su cuarto y su comida en Pucallpa, si urge una operación en el hospital, un juicio, un trámite cualquiera?

Ajenos e inmunes a la situación inhumana de los indígenas, presencias esporádicas, interesadas y
remuneradas nos duele, frente al indígena a quien se le quiere convencer de que no sabe, no puede, no tiene, no necesita nada de nada porque vive en el paraíso y todo lo que hay afuera es malo, es vicio, delincuencia, civilización detestable. Ellos deben seguir ahí, aislados, reservados, excluidos.

El P. Miguel fue a Purús y se quedó allí. Vive las incomodidades y carencias de los “Purusinos”, no se lleva nada sino que trae y comparte lo poco o mucho que puede recolectar cuando sale a otros países. Le preocupa la educación de los jóvenes, la salud de los enfermos, la indigencia de los nativos, la falta de futuro para los jóvenes y las mujeres, le indigna la falacia de los caucheros de turno, que siguen viviendo magníficamente a costa de la pobreza de los de siempre, o de la vileza y pocos escrúpulos de los nuevos curacas también de turno.

¿Por qué se empeñan en amenazar de muerte a alguien que sólo busca la vida y que todos tengan derecho a ella? ¿Cómo se atreven a elaborar ese tipo de documentos-amenazas y hacerles firmar a quienes no saben las consecuencias de semejante desvarío? Cuando la vez anterior promovieron ustedes una situación semejante, ¿creen civilizado, ecológico y humano prender fuego a la Misión?

El P. Miguel no es enemigo para los indígenas, es voz profética y molesta contra el poder abusivo, la injusticia institucionalizada, el poder corrompido, los intereses ocultos, la mentira, el engaño y la manipulación, el miedo y la prepotencia. Por eso, recomiendo con decisión a todos los creyentes, a los hombres y mujeres de bien, a los hermanos y hermanas indígenas, a las comunidades, que no dejen solo al P. Miguel en esta lucha, no tengan miedo, se que les amenazan, les retiran de sus trabajos, les señalan y les impiden usar los vuelos «cívicos», pero actuando en el bien, la justicia divina acabará por darnos algo mejor.

Espero poder visitarles en este año y poder compartir la solidaridad en el maltrato, la miseria y exclusión a la que están todavía sometidos.

Dios los bendiga como su Hijo lo hizo, aquel que vino para los pobres y excluidos, el que curó toda enfermedad e injusticia. Aquel que derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes.

 

 

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